Cuando estábamos a la mitad del vuelo escuchamos gritos desde los asiento de atrás, y un terrible olor a sangre fresca y caliente llegó hasta nosotros. Me aferré a mi asiento , mientras intentaba pensar en otra cosa, pero único que veía era la sangre de aquel pobre humano , por mi garganta , llegaba a cada poro de mi piel, a cada parte de mi cuerpo.- Bella , para.- dijo Edward , me había ensimismado tanto que había olvidado por completo todo, pero era desconcertante , el ciervo me había servido de bien poco , y aun tan sensible a la sangre de los humanos , no me había acostumbrado a su embriagador aroma.- Azafata por favor.- dijo una voz femenina. La azafata llegó.- ¿Que ocu....? Ohh dios mio, un momento.- corrió hasta la cabina y volvió con un botiquín.- ¿Como ha ocurrido?
- Metí la mano debajo de asiento para buscar mi broche y me corte con algo.- Edward me agarró fuerte de la mano , y me llevo rápidamente hasta el baño del avión.- ¿En que diablos estabas pensando , Bella?- dijo mientras se ponía delante de la puerta.- En nada Edward , en nada. – me moje la cara , esperando así clamarme un poco.- Siéntate por que nos quedaremos hasta que te relajes.- Lo mire.- Estoy bien , vamos.- Edward puso su mano en el picaporte.- No vamos a ningún sitio , así que siéntate , seguiremos aquí hasta que el avión aterrice si es necesario.
- Por dios Edward ¿Crees que soy tan idiota? Vamos.- dije mientras ponía la mano en el picaporte. Edward me miró a los ojos.- Nos quedaremos aquí hasta que yo diga.- se sentó con la espalda apoyada en la puerta. Yo me senté justo en frente de él. Los minutos pasaban largos y lentos.- Edward puede que alguien quiera utilizar el baño , vamos.- me levanté, Edward se levantó mientras suspiraba. Salimos fuera y una señora se nos quedo mirando, pensaba que, que hacían una chico y una chica en el baño de señoras. Seguimos andando hasta nuestros asientos , la señora tenia la herida tapada, pero en la moqueta del avión aun había sangre , que nadie se había molestado en limpiar. De nuevo me puse mi Ipod, música bastante alta , tenia los dos auriculares en los oídos cuando cerré los ojos.
Edward me zarandeó.- Bella, vamos ya hemos llegado.- Abrí los ojos y me encontré con los suyos, sus preciosos ojos dorados.- Con que me hubieras llamado habría bastado.- le dije riendo. Me levanté, mientras me colocaba bien la camisa, y recogía mi pelo.- Estas bien a cualquier humano se le caería la baba al verte.- bufó mientras andaba hacia la salida del avión. Una vez abajo, cogimos las maletas y fuimos a recoger las llaves. Un joven nos indicó amablemente donde estaba el coche bajamos en el ascensor hasta un sótano y vimos el volvo de Edward. – Dime que lo as oído.- dijo Edward mientras arrancaba el coche.- No, no le prestaba suficiente atención.- dije sonriendo.- Pues su mente lo gritaba, te estaba desnudando con los ojos el desgraciado.- No pude evitar reírme.- Soñar es gratis.- me encogí de hombros. Edward me miró mientras una de esas sonrisas, juguetonas y preciosa se dibujaba en sus labios. Recorrimos casi media ciudad, hasta que llegamos a mi antigua casa, me pareció increíble que tan solo dos días después de haberme marchado estuvieran regresando. Edward aparcó, y nos bajamos del coche, entrando en la casa por la puerta que había dentro del garaje.- Bienvenido.- dije mientras hacia una gesto con la mano y le dejaba pasar.- Las damas primero por favor. – Cuando entramos, bajé rápidamente hacia el sótano, conecté la luz, subí las escaleras y Edward no estaba en la cocina, seguí por el pasillo hasta que llegué al salón donde se encontraba sentado en el piano.- “La mia cantante” ¿Que quiere decir? – Me senté a su lado.- Es algo que los Vulturi dicen mucho , es cuando encuentras a alguien que huele realmente bien , así olía yo para ellos y por eso mi tío Aro inscribió esa frase en el piano.
- Entonces tu eres “la mía cantante” supongo, ¿Quieres que toquemos?- Yo asentí, me gustaba como sonaba eso de “mía”, no estaba mal.- Yo primero y a ver si puede seguirme.
Edward apartó sus piernas para que mis pies pudieran llegar a los pedales, comencé a tocar la canción que había escrito en casa, y él no tardó en seguirme tocando las teclas mas graves. Yo dejé de tocar mientras lo observaba, Edward siguió, con una melodía suave, armoniosa, mientras me miraba sonriendo.- Esto es para “La mia cantante”, si la ves díselo.- Era una canción preciosa, tocaba mucho mejor que yo sin duda. Apartó de nuevo la vista de las teclas y me miró, su rostro a dos centímetros del mío, podía sentir su respiración, en mi nariz.- Te quiero.- dijo antes de posar sus labios en los míos, mis manos se entrelazaron en su cuello, el soltó una suave carcajada.- Me gusta esto de tocar el piano.- dijo mientras pasaba una mano por mi cintura, yo apoyé la cabeza en su hombro, seguía tocando con una sola mano.- No se te da nada mal, por cierto. – Edward me miró.-¿El que, tocar el piano?- dijo sonriendo.- Y tampoco besas nada mal, todo hay que decirlo, aunque me cueste reconocerlo, hay dos cosas que haces mejor que yo, bueno.... y correr.- admití un poco avergonzada.- Bueno yo ni dije que tu besaras mal, tonta, y lo de correr el normal, tu aun eres muy pequeña.


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